Arquitectos judíos en la Unión Soviética: vanguardia, represión y legado

09/Jul/2025

Nuevo Mundo Israelita- por Sami Rozenbaum

Los arquitectos judíos soviéticos fueron testigos y protagonistas de algunas de las trasformaciones más radicales del siglo XX. Su historia está marcada por la creatividad en medio de la censura, la innovación bajo vigilancia, y la búsqueda de una estética funcional.

Desde la luminosidad constructivista hasta la sombra del estalinismo y el pragmatismo de la era de Jruschov, estos arquitectos dejaron una huella profunda que hoy comienza a ser valorada en su justa dimensión. He aquí una semblanza de varios de los más destacados

La historia de la arquitectura soviética durante el siglo XX refleja no solo los vaivenes estéticos y tecnológicos de un régimen totalitario, sino también las trayectorias individuales de quienes participaron en su construcción física y simbólica. Entre esos actores, numerosos arquitectos judíos desempeñaron un papel relevante. En una sociedad que oscilaba entre la proclamada igualdad de las nacionalidades y formas persistentes de antisemitismo estructural, estos profesionales se enfrentaron a una doble tensión: la necesidad de expresar nuevas formas arquitectónicas para una sociedad trasformada, y la presión constante de una identidad judía que podía ser celebrada o condenada según el clima político del momento.

Tras la caída del zarismo, por primera vez los judíos del antiguo Imperio Ruso pudieron acceder en igualdad de condiciones a las universidades, academias de arte y posiciones profesionales. La arquitectura, como disciplina técnica y creativa, se convirtió en un campo de oportunidades. Sin embargo, esta apertura fue efímera y contradictoria, y el papel de los arquitectos judíos fue con frecuencia invisibilizado.

Moiséi Ginzburg, 1892-1946

Nació en Minsk, actual capital de Bielorrusia. Estudió en la Academia de Milán (1914) y en el Instituto Politécnico de Riga (1917). Durante la Guerra Civil Rusa de 1918-1920 vivió en Crimea, y en 1921 se trasladó a Moscú. Allí se incorporó a la Escuela Estatal de Arte y Técnica y al Instituto de Ingenieros Civiles.

Considerado el padre del constructivismo, Ginzburg fue un teórico y diseñador clave en la década de 1920. Su libro Estilo y época (1924) propuso una arquitectura racional, funcional y científica, acorde con la nueva sociedad socialista, y tiene similitudes con Vers une Architecture de Le Corbusier. Este libro fue, de hecho, el manifiesto de la arquitectura constructivista, un estilo que combinaba el interés por la tecnología y la ingeniería avanzadas con los ideales socialistas.

Fundó junto a otros colegas el grupo OSA (Organización de Arquitectos Contemporáneos), que buscaba soluciones habitacionales eficientes para las masas urbanas. El primero de sus proyectos fue el edificio de apartamentos Gosstrakh de Moscú, diseñado en 1926. Esta fue la primera aplicación de los “Cinco Puntos de la Arquitectura Moderna” de Le Corbusier en la URSS. Una estructura similar se construyó según el diseño de Ginzburg en la ciudad de Sverdlovsk.

La obra más emblemática de Ginzburg, la Casa Narkomfin, destinada a los empleados del Comisariato de Finanzas en Moscú, fue construida entre 1928 y 1930 y encarna los principios del constructivismo socialista: una vivienda colectiva que sustituye la familia tradicional por formas de vida comunal, con servicios y zonas compartidas, módulos habitacionales compactos, jardines en la azotea y un parque. Le Corbusier reconoció la influencia del edificio Narkomfin en su célebre Unidad de Habitación, mientras que la distribución de sus apartamentos dúplex fue copiada por el arquitecto israelí Moshe Safdie en su célebre proyecto Habitat presentado en la Expo 67 de Montreal, Canadá, así como por Denys Lasdun en sus apartamentos de lujo en St. James’, Londres.

Al igual que otros artistas de vanguardia, Ginzburg cayó en desgracia con el régimen estalinista en 1932, cuando el Estado tomó el control de la profesión arquitectónica y la orientó hacia un estilo neoclasicista y monumental, llena de columnas y relieves que recuerdan demasiado la arquitectura fascista.

La “degradación” oficial de Ginzburg y otros constructivistas fue un proceso gradual que se prolongó hasta finales de la década de 1930. Nunca regresó a Moscú ni a Leningrado, pero dejó una contribución en Crimea y Asia Central y conservó su propio taller de arquitectura hasta su muerte. Sus nuevos libros sobre el hogar y la industrialización de la construcción de viviendas se publicaron en 1934 y 1937; desde 1934, fue editor de una enciclopedia sobre la historia de la arquitectura.

En la década de 1940, Ginzburg elaboró un plan para la reconstrucción de posguerra para la ciudad Sebastopol —que nunca se materializó—, y diseñó dos complejos turísticos que sí se construyeron después de su muerte en Kislovodsk y Oreanda.

Su obra más famosa, el edificio Narkomfin, sufrió un profundo deterioro, y a lo largo de las décadas se le hicieron modificaciones que alteraron sus características; sin embargo, entre 2017 y 2020 fue restaurada a sus condiciones originales. Hoy en día incluye espacios de exposiciones y un museo, además de continuar siendo un complejo residencial.

Lázar Márkovich (“El”) Lissitzky, 1890-1941

Artista polifacético, diseñador gráfico y arquitecto visionario, El Lissitzky abordó la arquitectura desde una perspectiva conceptual.

Comenzó su carrera con ilustraciones de libros infantiles en idish, en un esfuerzo por promover la cultura judía en Rusia, donde se acababan de revocar las leyes antisemitas de la era zarista. A los quince años de edad comenzó a impartir enseñanza, una tarea a la que se dedicó durante la mayor parte de su vida.

Toda la carrera de Lissitzky se guió por la creencia de que el artista podía ser un agente de cambio social, lo que más tarde resumió en la frase Das zielbewußte Schaffen (La creación orientada a un objetivo).

Participó del “suprematismo”, movimiento artístico enfocado en formas geométricas fundamentales —en particular el cuadrado y el círculo—, surgido en Rusia entre 1915 y 1916, y más tarde se sumó al constructivismo, proponiendo obras como el Wolkenbügel (“apoyador de nubes”, 1924-25), un rascacielos horizontal de oficinas destinado a reorganizar el espacio urbano según criterios simbólicos e ideológicos, que lamentablemente nunca se construyó.

Fue un ardiente defensor de la ideología comunista y le dedicó gran parte de su vida y energía. En sus últimos años introdujo cambios revolucionarios en el diseño de exposiciones, obteniendo el respeto internacional, así como prestigio dentro de su propio país. Uno de sus últimos trabajos fue el diseño de exposiciones para el pabellón soviético de la Feria Mundial de Nueva York de 1939.

Aunque muchas de sus obras no se materializaron, su influencia fue clave en la difusión del arte soviético en Europa, en especial en la Bauhaus de Alemania. Su aproximación interdisciplinaria, que fusionaba arquitectura, tipografía, escenografía y propaganda, ha sido revalorizada como una de las expresiones más audaces de la modernidad soviética. Falleció a causa de la tuberculosis en Moscú, a los 51 años de edad.

Sergéi Serafímov, 1878-1939

Nacido en Trebisonda, Turquía, se estableció en San Petersburgo. Estuvo activo en Rusia y en Ucrania.

Titulado en la Escuela de Arte de Odessa en 1901, Serafímov se incorporó al Departamento de Arquitectura de la Academia de las Artes, el cual dirigió a partir de 1932. Proyectó y construyó edificios públicos y de vivienda, y participó en concursos, obteniendo varios premios.

En la primavera de 1925 se convocó en Járkov, Ucrania, un concurso para los edificios del Gosprom, Dirección de la Industria del Estado. Se presentaron 22 proyectos; Serafímov, junto al estadounidense Mark Felger y el lituano Samuil Kravets, obtuvieron el primer premio. El conjunto del Gosprom, construido entre 1926 y 1929, entró en la historia de la arquitectura del siglo XX como uno de los más destacados logros de la vanguardia rusa, y predecesor del brutalismo; su diseño no solo reúne la experiencia de sus antecesores (por ejemplo, las casas-cuartel de principios del siglo XX o las ideas de “rascacielos horizontales” de Lissitzky), sino que prefigura, igualmente, las megaestructuras que aparecerían en los proyectos de corte futurista de las décadas de 1950 y 1960 en Occidente.

Ninguna de las realizaciones posteriores de Serafímov puede compararse con esta obra.

Lev Rudnev, 1885-1956

Uno de los arquitectos más exitosos bajo el estalinismo, diseñó varias de las obras más representativas del período. Rudnev supo captar los gustos del régimen, y adaptó su estilo para satisfacer los deseos de monumentalidad, jerarquía y “eternidad” que el poder exigía.

Su proyecto más conocido es la Universidad Estatal de Moscú (1953), uno de los famosos «rascacielos de Stalin» que dominan el perfil urbano de la capital rusa, combinando el neoclasicismo con el art-déco. Poco después, la Unión Soviética le “regaló” a Varsovia, capital de la Polonia ocupada, otro rascacielos diseñado por Rudnev en el mismo estilo: el Palacio de la Cultura y la Ciencia (1955).

A pesar de sus orígenes judíos, Rudnev gozó de prestigio y reconocimiento oficial. Su caso ilustra cómo ciertos arquitectos judíos lograron navegar las estructuras autoritarias del régimen, aceptando sus códigos estéticos a cambio de estabilidad profesional y sin expresar abiertamente su origen.

Evgeni Levinson, 1894-1968

Nació en Odesa en una familia judía, y falleció en Leningrado, hoy San Petersburgo. Estudió en el Instituto de Ingenieros Civiles de Petersburgo (1915-16) y en el Instituto Superior de Arte y Técnica, donde fue instruido por destacados arquitectos como Ivan Fomin, Lev Rudnev y Vladimir Shchuko.

Levinson supo interpretar las corrientes arquitectónicas en constante cambio del siglo XX soviético: desde el énfasis funcional del constructivismo hasta el monumentalismo estalinista y la ciudad funcional moderna. Su obra, muy presente en San Petersburgo, muestra una evolución estética y técnica, y gran capacidad para adaptar su creatividad al contexto político-cultural. Su faceta docente y su labor en vivienda masiva le convierten también en un protagonista de la arquitectura urbana soviética.

Diseñó numerosas obras públicas, como el constructivista Palacio de la Cultura de Leningrado. Durante la época estalinista adoptó el estilo neoclásico en boga, como en el edificio de la Industria Ligera (1932-35), también en Leningrado, y el pabellón “Leningrado y el Noroeste de la República Socialista Rusa” en la Exposición Agrícola de Moscú (1937-39).

Uno de sus trabajos más destacados es la casa-comuna Lensoviet (1931-35), edificio residencial diseñado para la vida comunal socialista diseñado en conjunto con Ivan Fomin. Contaba con habitaciones pequeñas y funcionales para uso individual o de pareja, y amplios espacios comunes: cocinas colectivas, comedores, lavanderías, guardería, club, salas de lectura y zonas recreativas compartidas. Su diseño es de bloques en forma de «C», organizados de forma racionalista para optimizar la luz, la ventilación y la circulación. Sus fachadas son austeras, sin ornamentos, con predominio del concreto armado y ventanales corridos. Esta obra, si bien ha sufrido modificaciones, sigue siendo utilizada como edificio residencial casi un siglo después de construida.

La casa-comuna era una materialización del ideal colectivista: reemplazar la vivienda burguesa privada por un modelo comunal que fomentara la convivencia, la cooperación y el “nuevo estilo de vida soviético”. Esta obra sigue la visión de los teóricos del urbanismo comunista, como Moiséi Ginzburg, y responde a la idea de que la arquitectura debía moldear al «hombre nuevo soviético».

Durante su dilatada carrera, Levinson diseñó también estaciones ferroviarias y de Metro, complejos de vivienda, así como el hotel Sovetskaya de Leningrado (1963-68) y la Casa de la Cultura Nevsky (1964-72), marcando un giro hacia formas más funcionalistas.

Konstantin Mélnikov, 1890-1974

Una de las mayores figuras del constructivismo. Estudió en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú. Su primer trabajo, por encargo de la Fábrica de automóviles AMO en Moscú, es clásica, conservadora y académica. Después de asistir a la Escuela del Estado de Moscú en 1923, su estilo cambió radicalmente.

Comenzando con un pabellón para la Exposición de la Agricultura y Artesanía de todas las Rusias (1923), Mélnikov se embarcó en una línea de innovación y encargos de alto nivel: el sarcófago en el Mausoleo de Lenin (1924) y el Pabellón Soviético en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París (1925); este último atrajo la atención internacional, y fue considerado uno de los más progresistas edificios de la feria. Estando en París conoció a Le Corbusier.

Mélnikov desarrolló también un nuevo plan urbano para Moscú. La parte principal de su trabajo, en ese tiempo, consistió en diseñar clubes obreros fuera de la capital. Uno de los más representativos es el Club de Trabajadores Rusakov en Moscú (1927).

El estilo de Mélnikov es difícil de categorizar. En su uso experimental de materiales y formas, más su atención a la funcionalidad, tiene algo en común con los autodenominados expresionistas anteriores a la Primera Guerra Mundial; el deseo de Mélnikov era que sus edificios expresaran los valores socialistas revolucionarios, aunque al mismo tiempo defendió públicamente el derecho y la necesidad de la expresión personal, que reivindicó como única fuente del diseño delicado.

Uno de los mejores ejemplos existentes del trabajo de Mélnikov es su propia residencia en Moscú, que data de 1929 y consiste en dos torres cilíndricas decoradas con un patrón de ventanas hexagonales. Estas torres están formadas por una cáscara a modo de enrejado hecho con ladrillo.

Mélnikov perdió el favor político en 1937, ya en pleno estalinismo, cuando fue calificado por la Unión de Arquitectos como «formalista» (epíteto entonces muy negativo), y se le apartó de la práctica y la enseñanza. Sobrevivió a las purgas estalinistas pero, rechazando admitir las falsas acusaciones, nunca fue “rehabilitado”. Vivió en reclusión en su casa, donde trabajaba como pintor de retratos por encargo, hasta su muerte en 1974. Este largo silencio fue roto únicamente por un pabellón diseñado para la Expo 67 de Montreal.

Reconocimiento tardío, legado imperecedero

Tras la caída del régimen soviético, instituciones como el Museo Judío de Moscú han organizado exposiciones dedicadas a la vanguardia arquitectónica y sus protagonistas judíos, mientras que investigadores de Europa, Israel y Estados Unidos han trazado genealogías de influencia que conectan a estos arquitectos con movimientos internacionales como el modernismo, el brutalismo y la planificación urbana.

En la actualidad, museos, universidades y publicaciones académicas han comenzado a rescatar las obras de los arquitectos judíos soviéticos, reconociendo su aporte tanto al patrimonio físico de las ciudades como a la evolución del pensamiento arquitectónico moderno.